A propósito de celebrarse hoy los 100 años de su nacimiento.
Por: Francho Taveras
No fue suficiente una vida de entrega.
No trascendió su legado de honestidad.
No fue aceptado su modelo austero.
No se aquilató su desprendimiento.
Parece que no fue suficiente haber muerto defendiendo con tozuda obstinación la patria que se ama, predicando con el ejemplo cotidiano. Cosechó el respeto y la reverencia que le confirió el apego a los valores morales; quizás por esa razón lo olvidaron, para evitar el escozor que les trae su ejemplo, sobre todo a los que tienen tan sensible la piel. ¡Tal vez por eso!
Hoy como nunca su ejemplo debió y debe de ser divulgado, durante la mañana, la tarde, la noche, en la madrugada. Hoy que nuestra sociedad está tan enferma, desvalida, postrada ante la embestida del gran gigante unipolar, disfrazado con vicios, con rap, reggueton y aderezada con una paupérrima educación.
Hoy deberían estar retumbando en los oídos de los dominicanos, sus certeras propuestas que invitaban al razonamiento de lo conveniente, con su estilo pausado, enérgico, definido, moralizante, vertical, esperanzador, refrescante, positivo, desarrollista y por demás nacionalista.
Hoy su personalidad recia, sus convicciones modelando su vida. Resistiendo para no mancharse con aquella tinta indeleble, que exigía dejar en el umbral del capitolio su cabeza. La figura de este gigante se levanta con un valor inconmensurable para los que sueñan con una patria que dignifique con igual valor a los hijos de Quisqueya.
Con inmensa dignidad y sabiduría, resistió a los que bajo el manto de la Fe quisieron ridiculizarlo, oponiéndose abiertamente a su pensamiento, a esos que con el paso del tiempo resultaron ser más indigno que EL. ¡Que egregia figura! ¡Que adalid de la Democracia!
¡Con cuanta calidad aportó a la cultura universal! Reconocido como el maestro del Cuento. Fantástico novelista. Tremendo investigador de la historia y de la sociedad. Singular maestro de la política.
Al cumplirse el centenario de su natalicio y a pocos años de su muerte, de manera inexplicable, los que se hacen llamar sus seguidores fueron incapaces de ponerse de acuerdo para rendir un merecido tribuyo a quien le facilitara la herramienta a través de la cual detentan el poder.
No alcanzo a comprender, ¿de qué manera dejaron pasar una fecha tan importante? Una efeméride que pudo utilizarse como vehiculo para transmitir a nuestro pueblo sus grandes enseñanzas, sus arriesgadas empresas, sus positivos aportes para que el pueblo dominicano haya alcanzado los niveles de libertad que hoy disfruta.
Aquí en Villa Altagracia, ni un tedéum, ni una misa, ni un reponso, ni una liturgia, ni una tertulia. ¡Parece que no lo merecía!.
Este PARADIGMA OLVIDADO responde al nombre de: Don Juan Emilio Bosch Gaviño.